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Publicado por Pablo en 21

viernes, 22 de marzo de 2013

Revista digital Minatura nº 125 " La Alquimia "


Textos publicados en la revista digital
Minatura nº 125
 
La Alquimia


Transmutación

    El bufón hace las cabriolas oportunas para entretener al rey y al resto de la corte. Todos aplauden sus andanzas, el vocablo, las expresiones artísticas. Al ver que surten efecto sus inventos comienza a imitar al mago, en sus pócimas y sortilegios, queriendo transmutar la materia. Resulta tan gracioso que el rey le incita de nuevo a hacerlo. El bufón lo repite hasta la saciedad, todos ríen y son felices.
    En una de sus intervenciones es interrumpido por el mago de la corte, que aparece en el fondo de la sala. El bufón al verlo detiene el espectáculo, abatiéndose el silencio. Hasta las carcajadas del rey se apagan de golpe, intuyendo que le lleva malas noticias.
    El rey se acerca y el mago haciéndole la oportuna reverencia comienza a explicarle lo que ocurre. Al alquimista se le están acabando las presas. Le dice que es el ensayo trescientos, y los dragones aún señor no ha conseguido transmutarlos en seres más manejables. Si no les damos de comer acabaran famélicos y su reino desprotegido acabará en manos de bárbaros.
    El rey duda. El mago le asiente que lo único que buscan es transmutar a los dragones para que estén a su servicio. Si lo consiguen nadie tendrá una flota tan basta ni poderosa, el oro será la recompensa posterior, podrán robarlo de los pueblos vecinos.
    El rey se detiene a pensar, mientras mira al bufón. Al sentirse observado intenta colarse entre la multitud.
-Ya se la solución – grita el rey.– ¡Atrapadlo! – señala con media sonrisa.
-¿Porqué yo señor?
- Por haberte reído de mí poder.



El final del mundo


Al transformarlo todo en oro acabaron muertos de hambre. La ambición fue el último jinete del apocalipsis.
 
 
 
El Alquimista y el rey
      Cuando al alquimista le llegó a los oídos que existía la gallina de los huevos de oro, rápido se lo dijo al Rey. En Rey en su afán de poder movió en consecuencia las fichas, instaurando de forma bien definida y en escala a los lacayos de la corte una intrépida misión. Si con ellos no fructificaba enviaría en segundas tornas a los bufones, y por último a los caballeros de la corte. El alquimista se frotaba las manos al ver instaurado un nuevo orden, siendo el punto que dio origen a tan barbarie razonamiento. Había dedicado toda una vida para convertir en oro cuanto le placiese, y no dio con la fórmula que lo alzara al cielo del estrellato. Ahora el rey con su veredicto en la mano, y mucho más poder, seguro conseguiría tan ansiada joya, la promesa de toda una vida, el elixir eterno, la facultad de transformarlo todo en esa esencia luminosa. En el primer atisbo no hubo suerte. Ningún lacayo de los más de los mil que salieron encontró indicios. Los bufones con sus espectáculos corrieron medio mundo sin obtener tampoco resultado. Los caballeros iban a tener una dura tarea. Subidos a las grupas de los caballos recorrieron cielo y tierra, hasta dar finalmente con un señor ermitaño que les indicó el lugar exacto donde encontrarla. Agradecidos fueron en su busca. Al llegar lo único que vieron fue una famélica gallina que apenas se sostenía en pie, medio desplumada y a punto de quedarse tiesa como un palo. Uno de ellos bajó y cogiéndola la metió en un saco. De vuelta a casa, trotaron alrededor de siete días, hasta que llegaron a las puertas del castillo. El portón se abrió, siendo recibidos por el rey, emocionado por la victoria en la misión. Al abrir el saco la gallina había muerto, con el pellejo pegado a los huesos y una protuberancia redonda reluciente (era una moneda de oro) en el vientre. El problema vino después, cuando todas las gallinas del reino tuvieron que ingerir una, y el rey con tanto dinero, en vez de repartirlo entre los pobres se dedicó a tecnificar las armas, para que fueran fulminantes y exterminar a los pueblos opresores. El alquimista acabó en el estrellato, indolente y supremo lo proclamaron el nuevo sucesor.

 
 
Portada de la revista efectuada por: Alchimie/ Didizuka –Seud.− (Francia))
Este es un nuevo número en el que han publicado tres textos. Las traducciones al inglés han sido efectuadas por Sara Mesa y Manel. Aun no lo he ojeado, pero no tardaré... gracias a los que la hacen posible y a los traductores.
 

4 comentarios:

  1. Hola!!, enhorabuena por esta publicación y decirte que los dos primeros me han gustado muchísimo. También el del alquimista pero la historia de los dragones me ha llegado más ágil en su narración y estructura.

    Besos Ponfiel,
    hacía tiempo que no venía pero veo que sigues con tu pluma igual de activo.

    Feliz fin de semana.

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    1. Laura me resulta genial verte en estas letras. Siento no visitarte en tu blog. He tenido un parón por causas ajenas que me ha atrapado durante unas semanas. Bueno, no voy a enrollarme.
      Que me aporta alegría verte por aquí.

      Un besote.

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  2. ¡Enhorabuena por la publicación, Ponfiel! Tres piezas en un mismo número es un gran éxito.

    Un abrazo,

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    1. Te digo lo mismo Pedro. Perdonad esta ausencia. Aunque no entre en el blog con la asiduidad os llevo presentes.
      A veces hay cosas en la vida que se interponen y no son fáciles. De todas formas me alegra verte por aquí.
      Un fuerte abrazo.

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