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Publicado por Pablo en 21

martes, 17 de abril de 2012

"Antología de cartas de amor"

La carta la tengo que incluir

Estimado/a
Te agradecemos tu interés en el proyecto de la “Antología de cartas de amor”.
En este momento sois 184 autores los inicialmente “apuntados” para la elaboración del libro.
Contando con dos páginas por carta nos quedaría un libro de unas 380 páginas.

domingo, 15 de abril de 2012

Revista Talaiot de Roquetes


EL ESPANTAPÁJAROS

Quizás las respuestas las encuentre cuando el tiempo se haya acabado y no mire más hacía atrás. Quisiera recordar mi estancia en estos parajes, y descubrir en ellos todo este mar de dudas incesantes, de pensamientos que vienen y van. Ayer me emocioné y hoy lo sigo haciendo, el tiempo no me ha borrado la sensación que llevo desde que nací. Aquí, postrado ante el mundo observo el paso de los días. La lluvia, el viento, el sol, los pájaros, los niños y algún que otro despistado son los que me han visto pasar.Sólo el tiempo tiene las respuestas sobre mi futuro. El camino andado quedó marcado, mecido por el viento, el único compañero que se alojó entre mis manos y me llevó a lugares insólitos cerrando los ojos. Ahora estoy tuerto, pero no me importa, nunca pensé el llegar hasta aquí, y menos estar. El sol portentoso baña la llanura. Ahora el viento sopla y mece el gran mar que se abre frente a mí. Desde los pies lo observo, como corren sus aguas y oscilan las espigas hacia el norte, nunca me enseñaron qué eran las palabras para que pudiera saber y distinguir hasta que el aprendizaje pasó por mis manos cuando aquel niño rubio de ojos azules se hizo mi gran amigo. No había día que no viniese a verme. Sus charlas fueron ejemplares, y el tiempo las cultivó. Aprendí con él a distinguir qué era el sol y la tierra, dónde estaba el
horizonte y cuánto tiempo llevaba bajo el roble. Me habló de tantas cosas que en mi escasa memoria no pude retener todo lo que llegó a decirme.

El tiempo pasa y con él las horas. Los días quietos se unen pasando los años y yo aquí,

mirando cómo pasan las estaciones.

En mi cara se dibuja una sonrisa, aquel niño me enseñó a ver la vida de otra forma. Nunca

tendré palabras de agradecimiento por todo el bien que me hizo. Fue fabuloso su hacer, de

vez en cuando se asoma para recordar viejos tiempos. Sabe cómo cuidarme y que decir.

Nunca antes conocí a nadie como él, tan respetuoso y amable.

El frío del invierno me llenó de escarcha, y el canto de los pájaros dejó de sonar. Tras el

horizonte estaba el sol, y sus rayos clavándose en mi cara apenas podían calentarme. La

vieja paja se iba deshilando, y el tren de mi vida estuvo a punto de acabar. Pero todo

comenzó a cambiar tan deprisa, que cuando quise darme cuenta volví a nacer, tan bello y

galante.

Podía volver a ver por los dos ojos. El hermoso paisaje me eclipsó de nuevo, a pesar de

haber estado siempre en el mismo lugar. ¡La vida es bella!, muy bella, me dije bien adentro,

y he de vivirla intensamente. Mañana puede que no esté, me convierta en pasto de las

llamas. No ha sido la primera vez que las he visto llegar sin poder huir. Ahora quieto no dejo

de sonreír. Me volvió la felicidad después de verle.
No has de preocuparte” me dijo al volver, “vendré siempre que pueda a verte. Contigo crecí

feliz, fuiste mi compañero de batallas
”. Cuando escuché de nuevo su voz no pude llorar. Sólo

emocionado contemplaba su mirada, tan tierna como antes. La nostalgia nunca me había

abandonado, siempre la llevé conmigo. Y ahora parecía se disipara, como si nunca hubiese

existido. “
Yo también fui feliz a tu lado”, pensé. Aunque nunca oyó mi voz sabía que le

quería y que con él iría al final del mundo si hiciese falta. Sebastián fue y será mi gran

amigo, inolvidable y excelente compañero.

El viejo roble cargado de años apenas respira. Parece que sus hojas se despidan de la vida.

El tiempo pasa y con ella nuestra memoria, ahora sólo queda esperar hasta que el tiempo

nos cubra.

Todo está tan diferente que sigo mirando el final. De nuevo tuerto y con el tiempo a mis

espaldas observo que soy mucho más que un simple espantapájaros. Puede que nadie más

lo perciba, eso no me preocupa. Sebastián sabe que siempre estaré aunque las llamas me

conviertan en ceniza. Esa es mi promesa.
http://www.talaiot.ca.cx

talaiot@laposte.net

Publicado en la revista en el trimestre Enero - Marzo 2012

I CONCURSO DE MICRORRELATOS ACEN

El Big Bang

     No pude contener la emoción, jamás hubiese imaginado poder sentirme así. Tantas veces me hablaron, que ahora sumergido en su red mis sentidos se amplían. Nunca creí ciertas historias, hasta que la chispa del encuentro me desencajó, deshaciendo mi mundo. Conté hasta tres esperando se evaporara, y allá seguía, ella sonreía, y yo sentía el big bang expandirse.

                                                               ACEN dona 500€ gracias a "Cachitos de amor"


Micro seleccionado para ser publicado en el libro "Cachitos de amor".
Los beneficios de la venta de este libro irán destinados a realizar actividades de lectura para niños y niñas con discapacidad, que se gestionarán a través de la Fundación Borja Sánchez.

viernes, 6 de abril de 2012

I CONCURSO LITERARIO “TOMA LA PALABRA, TOMA EL MUNDO”

Título: Detrás del espejo

     La fama le había llevado a su punto más álgido donde la vida le aportó todo aquello que durante tantos años había estado buscando. Sigilosa y con precaución subió los escalones que le habían llevado a encontrarse en el firmamento, desde donde podía controlar su vida. Los límites impuestos se habían abierto demasiado dentro de un sin sentido que le llevó a estar sola, su único refugio pasó a ser el enorme espejo que tenía en la habitación doble de su pequeño palacio. Allá, tumbada en la cama, pensaba en todo lo que había conseguido, y hasta donde le llevó su delirio.
    El encierro le había cambiado su estatus de valores, y le condenó a estar presa de la inocencia. La carga la llevó con remiendos, a punto de descarriar sus ideas. Luchadora y con ganas de ver sus sueños cumplidos hizo todo lo posible por llegar a manifestar, pero había perdido los papeles.
     La actitud nunca fue mediocre, los pasos habían sido calculados de forma muy meditada, y el camino no tenía horizontes marcados. Solo el vasto infinito le iba a llevar a perderse. Su validez era tenue, aunque alta en el sustento, porque sus letras le marcaban el paso, que le hizo ser una escritora excelente.
     En ellas expuso todo lo que contenía dentro, guardado, secreto, pero a la vez delicado y firme,  como si fueran camisas bordadas, ojos brillantes y una fugaz sonrisa. El dolor le había marcado su punto de unión con el lápiz. Junto a él vivió momentos álgidos en el que supo poner límite a sus fronteras. Pero el tiempo transcurrido no le había llevado a aclararse. Vacía de contenido quiso marcharse lejos para no afrontar lo que le estaba pasando, y al verse en el espejo le cambió la cara.
     Frente a él no podía disimular su enfado, porque sus gestos no pasaban desapercibidos. Aunque no estaba impresa, su imagen reflejada le seguía los pasos, y cualquier pequeño movimiento le iba a llevar a descubrir lo que le estaba pasando. No quería deshacer sus sueños, porque en ellos había guardado parte de su vida y tiempo. Así que se limitó a mirarse sin apenas pestañear, dejando que los segundos pasaran y a la vuelta de la esquina seguir llevando su cruz.
     Las manos temblorosas no le habían dejado ninguna huella, solo sus labios agrietados por el frío le habían marcado un estado diferente. Junto a los ojos, una nueva imagen salía proyectada desde dentro, que le hacía sentirse triste, muy triste.
     El éxito lo había esculpido entre  sus dedos, y ahora apenas las ideas le llegaban al papel.
     Los recuerdos de su niñez le llevaron a verse capacitada para expresarse. Expresiva y con talento creció al lado de sus hermanos que la admiraban por sus palabras. Los padres de María habían sido personas sencillas, trabajadoras, humildes y pobres. Y en sus recuerdos el bagaje del camino hizo que perdiera el hilo de su verdadera raíz.
     Nadie le dijo que abandonara, sola y ante miles de palabras se dejó impresionar. Porque se encontraba vacía, desilusionada y con ganas de escapar. El éxito había sido la excusa de sus ambiciones, que maltrechas por el papel le llevaron a no tener horizonte ni sentido.
     El espejo no cambiaba de lugar, sus pensamientos se paseaban por todas las partes del cuerpo. Como si fuera una autómata, apenas sin ser consciente, ejecutaba sus funciones, sin que nada de lo que hiciera tuviera sentido.
      Los días marcaron la escritura de las imágenes que reflejadas caían en un pozo sin salida. María las veía cada día, intentaba maquillarse con un elegante vestido y simulaba ser una gran estrella. “Las estrellas nunca se caen” susurraba en sus adentros, solo el paso de su destello dejaba la estela en el camino, cambiando de lugar para seguir brillando.
     La ropa amontonada en la cama le había hecho estar presa de las ideas, porque no había vestimenta posible que tapara las angustias. Nada le iba a llevar a solventar el mal si no ponía remedios. El alcohol nunca curó al enfermo, solo estropeó las arrugas haciéndolo aun más viejo.
     Las copas diseñadas habían caído al suelo, y detrás del espejo se escondían las dolencias que María había estado acumulando, como capas incomestibles que fue deshojando. El gran plato estaba demasiado lleno mientras sus andaduras le hacían sostenible con su apariencia. Las peladuras de la fruta se extendían por sus manos, y las cremas hidratantes, estaban bien colocadas en el tocador. Desde que empezó a tener fama el paso del tiempo le había marcado tanto, que sus arrugas le desaparecieron por querer verse joven. Una fobia que le marcó caer en otros tantos desastres.
     Dentro, muy dentro, más allá de los huesos, la verdad era muy otra. La superficialidad no era más que una gran capa ante los ojos de los demás, que no le estaba aportando nada y de la cual aun queriendo desprenderse no sabía cómo hacerlo.     La gran madeja que colgaba del estante tenía que reestructurarla, pero para poder llevarlo a cabo debía comenzar a analizarse.
     El éxito, algo imparcial, intocable, memorable, estupendo pero fatídico solo hizo de puente hacía su culminación.
     Dividida sin haber separado las ideas estaba pendiente por desentrañar las dudas. Sola ante la vida, delante del espejo debía de sincerarse. Nadie le podría escuchar mejor que ella misma, si se engañaba solo ella lo sabría. Pero no podía permitírselo más, y en sus ojos se mostraba la certeza de todo lo que realmente era y había dejado de ser.
     Cuando ocurren las cosas “siempre buscas culpables a los cuales echar el muerto”, pero lo cierto es que ese sentido le cambió cuando vio que el verdadero muerto era ella. María debía de suscitar su rebelión, y comenzar la batalla hacía la solución. Pero la armadura le iba demasiado grande y aunque mirándose a los ojos fijamente pensó en hacerlo, sus piernas flaquearon colgando detrás del espejo a todos los miedos que le salieron.
     Tumbada en la cama reflexionó sobre lo ocurrido dejando los momentos inéditos entre las sábanas. Se levantó acercándolo a la cama y durante unas horas se estuvo observando hasta que las pestañas se abrieron de par en par. En la mente quedó retenida la imagen que había estado viendo durante tanto tiempo y vio que a pesar de relucir la única estrella, la auténtica, había dejado de brillar. Rápida y con aires de querer subsanar el delito se levantó de la cama, cogió un lápiz y comenzó a escribir lo que sentía. Con la mano temblorosa apoyada en el papel intentó comenzar pero las letras apenas eran legibles. El nerviosismo le estaba pasando factura. Reposó un rato, pensó sobre lo que estaba haciendo, y detuvo la mirada en la punta del lápiz. La respuesta fue rápida, con el puño firme cerró los ojos y dejó deslizar los pensamientos sobre el grafito. La mano le iba acompañando al compás mientras se sucedían las palabras de malestar. “La lluvia debe despejar mi cara” indicó en la primera línea, “pero su dulce aroma no ha de desprenderse” continuo escribiendo. “La muerte no es más que un proceso donde olvidamos nuestras raíces” expresó sin complejos, “y ante ella debemos  luchar, porque somos únicos e irremplazables”. La hoja inmaculada se lleno de notas expresando todo lo que durante tanto tiempo le había llenado la vida. Nunca nadie le había dado apoyo en circunstancias tan frágiles, así que con la valentía que siempre le había caracterizado se dio el impulso por motivarse. Apenas tenía pensamientos que le llevaran a ver que más allá había otro designios que reemplazaran el vacío. Pero esta vez iba a ser la definitiva.
     La imagen en el espejo fue cambiando lentamente a la medida que sus palabras quedaban incrustadas en el papel. Desde siempre había sido única, auténtica y maravillosa.
     Cuando acabó de escribir, levantó la mirada, y queriendo penetrar en ella estuvo observándose hasta que comenzó a llorar. El gran bálsamo que le daría las fuerzas para ver que la distancia era incierta. Se echó el pelo hacía atrás dejando despejada completamente la faz. Cogió el escrito y lo leyó en voz alta. La emoción le hizo estremecerse mientras cogía firmeza al escucharse.
     El tesón unido al destape dejó al descubierto lo que durante años había guardado tras el espejo. Desnuda y sin nada que le tapara podría verse tal y como era, aquella niña que con sus versos y palabras vivía plenamente feliz.
     Se acercó ante la imagen y la besó, una nueva persona empezaba a nacer. Desde entonces supo que la ignorancia es el mayor impedimento a la grandeza, porque no se es grande por decir ni por ser, sino por tener claro dónde está el horizonte. La vida le sonrió, y aunque ya no escribe tanto como antes, las sensaciones de aquella niña, que le impulsaron a relatar, le siguen vivas muy dentro, y con eso, solo con eso su vida renace cada día.
     Las lecciones no son eternas, solo el relato de unos versos sin acabar puede hacer que en tu vida vuelva a repetirse la misma lección. Los espejos lo saben todo.

Relato seleccionado ( Marzo 2012 )


El libro "TOMA LA PALABRA, TOMA EL MUNDO" ya esta disponible en la plataforma bubok. Adjunto el enlace: http://www.bubok.es/libros/212685/Toma-la-palabra-toma-el-mundo